Esta es la historia de un hecho real que me sucedió a mi y a dos amigos
mios hace aproximadamente 8 años.
La historia empieza cuando nosotros tres jugábamos en la calle a construir
casas con nuestras pequeñas maquinas de juguete. Mientras estabamos en
aquel monton de arena construyendo, algo nos motivó a levantarnos y mirar
los tres a la vez hacia la casa abandonada que estaba encima de aquel cerro
triste. En ese momento los tres mirábamos sin saber porque lo hacíamos.
Después de varios segundos dejamos nuestras pequeñas máquinas
y nos dirigimos hacia la casa abandonada, estaba oscureciendo y la casa quedaba
lejos, no nos dejaban salir de la barriada, pero nosotros olvidándonos
de las ordenes de nuestras madres fuimos hacia la casa.
Saltamos el arroyo y subimos aquella pendiente hasta cruzar un pequeño
arroyo artificial que construyeron unos niños para jugar. Sorteamos ese
arroyo y nos vimos delante de la casa, una pequeña casa medio derruida
que jamás habiamos visitado, entramos y ya se había hecho de noche,
pero aún quedaba luz para verla por dentro.
Cuando entramos en lo que se supone que era la cocina había un cuadro
de la mujer de la casa, una mujer fea y horrible que parecía que nos
miraba. Justo cuando los tres nos pusimos frente al cuadro nos dimos cuenta
de que no se oía el ruido del arroyo y los grillos que acompañan
la oscuridad de la noche dejaron de cantar. Asustados pero firmes seguimos mirando
aquel cuadro que de pronto cambio el rostro de esa mujer fea y horrible.
Asustados salimos, pero nada era igual, todo era distinto, nos dimos cuenta
de que salimos por detras y volvimos a entrar en la casa para salir por la puerta
principal, al pasar por la cocina aquel cuadro ya no estaba y la imagen de esa
mujer quedo grabada en nuestras mentes hasta ahora.
Salimos corriendo monte abajo. Yo me quedé detras porque era mas pequeño
que ellos y me tendí temblando a esperarlos. Mientras esperaba una brisa
fría y húmeda me hizo levantar y correr del miedo. Esos 3 o 4
minutos que estuve tendido los volví a ganar corriendo monte abajo y
antes de que mis amigos llegaran abajo ya estaba yo descansando en el monton
de tierra. Nos vimos las caras y seguimos jugando.
Al poco tiempo llegaron nuestras madres y con ellas un rayo de luz, era la
luz del sol, la arena calentaba nuestros cuerpos y nos dimos cuenta de que no
había pasado ni un minuto por nuestros relojes de esos que regalaban
en los kioscos. No sé lo que ocurrio pero el tiempo se paró para
que nosotros visitaramos la casa abandonada. Yo ya tengo 16 años y ellos
ya estan casados, pero aun recordamos aquella imagen de esa mujer malvada.
Leyenda enviada por: Bill Gates (Gracias por tu
colaboración).